Y ahora que ya estoy instalada en el lugar ( el paraiso) viene a buscarme el dolor, con sus consejos, con sus límites y enseñanzas: “detente un poco, yo también existo”
El dolor, cuyo nombre he aprendido de chica cuyos pasos caminan por el techo, se aproximan, me cercan, el dolor me trae su mariposa negra, sus flores moradas, incrusta su corazón de hielo en mis latidos desprevenidos.
Le digo que acá no hay nada digno de sufrirse..le pregunto qué busca, incesante y eterno?No contesta, yo misma me contesto.Yo misma tal vez, parada allí, silenciosa y congelada, he hecho girar la rueda
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